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"Para nadie la culpa ni para mí el castigo."

(Himno de alabanza.)

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martes, 7 de diciembre de 2010

LA NOVELA DE VIERNES SCARDULLA

“Verdades que de puro hondas
engañan más que mentiras”.

Editorial Ciudad Gótica tiene el agrado de
invitarte a la presentación de la novela

El tesoro de Viernes

De Fabián Vernetti

Presentan:

Abel Pistrito y Sergio Gioacchini

 
Viernes 10 de Diciembre – 20:30 Hs.
S a l a C a s t a l i a
Biblioteca Popular Florentino Ameghino
En el año de su 90°aniversario
Entrada Libre y Gratuita

Basada en un vasto trabajo de investigación histórica sobre Viernes Scardulla y el tesoro del virrey Sobremonte, la novela “El Tesoro de Viernes” persigue con pasión los mismos interrogantes que supieron desvelar al país y que aún permanecían sin respuesta: ¿Qué sucedió realmente? ¿Cuál es la verdad oculta tras el mito y la leyenda?



El 4 de agosto de 1938, en la oficina de Defraudaciones y Estafas de la Policía de Capital Federal, un campesino denuncia al Senado de la Nación por haberle robado el tesoro que había encontrado en las cercanías de la ciudad de Pergamino. La existencia de testigos, la misteriosa muerte de uno de los acusados y la aparición de un antiguo anillo, hizo que la noticia rápidamente agotara las ediciones de los grandes diarios y mantuviera en vilo al país, quién contuvo la respiración esperando el desenlace de la cautivante historia.

Viernes Scardulla y el tesoro del virrey Sobremonte, el Senado de la Nación, el Diario Crítica y su excéntrico director Natalio Botana, la mafia, el asesinato de Bordabehere, el secuestro de Andueza, la Máquina del Movimiento Continuo, el Pibe Cabeza, el Inspector Viancarlos y hasta Pancho Sierra confluyen en una trama de poderosas intrigas que culmina en Venado Tuerto, el lugar donde radica la respuesta a tantos enigmas.

A través de una historia real que supo desnudar las debilidades de un sistema jactante de orden y control, Viernes Scardulla vuelve para reclamar su lugar en la mitología nacional.

El autor:

Fabián Vernetti nació en Venado Tuerto, Santa Fe, en 1963.

En 1981, durante la dictadura, participó de la revista estudiantil Portento y de la fundación de LUZ - Movimiento pro-arte y cultura, que agrupó la actividad artística independiente en la lucha contra la censura y el activismo por los Derechos Humanos.

En 1984 ingresa junto a un grupo de amigos a la Biblioteca Popular Florentino Ameghino (“La Biblio”), y en 1990 fundan la Facultad Libre de Venado Tuerto; ambas experiencias constituyeron un movimiento cultural singular que trascendería los límites de la provincia. Posteriormente fundarían el espacio Babel, el primer Café Literario y salón de exposiciones, que permaneció abierto 13 años.

Fue co-editor de las revistas culturales La Biblio, A partir de cero, y El Galpón, y a partir de 1997 fundador, director adjunto y director del Mensuario de Cultura Lote (lo que nos tocó en suerte), que llego a editar 121 números y fue merecedora de numerosos reconocimientos, entre los que se destacan su inclusión en el catálogo internacional de las mejores 100 revistas de cultura de la historia Argentina y el Premio Julio Cortázar a la Mejor Revista de Cultura Independiente Argentina 2005, otorgado por la Cámara Argentina del Libro.

También fue co-editor y director de la revista de investigación y humor El Entuerto (lo que nos tocó en desgracia).

Desde 2001 es militante político. Actualmente se desempeña como Concejal.

La novela El tesoro de Viernes recibió en el año 2006 el tercer premio en el Certamen Nacional de Literatura de la Municipalidad de San Martín, cuyo jurado estuvo integrado por los escritores María Rosa Lojo, Marta Braier y Agustín Romano.
Biblioteca Popular Florentino Ameghino
Venado Tuerto
Juan B. Justo 42
(03462) 420986

domingo, 7 de noviembre de 2010

Palabras de Marcelo Sevilla en la presentación del libro de Walter Abaca "Pero nadie contestó y otros relatos..."


“Dentro de la cultura africana, hay un grupo que se denomina Dogon. Cuentan que todos los hombres de esa cultura dogon, tienen un secreto íntimo, absolutamente privado, que no le cuentan a nadie, ni a sus hijos. Un secreto que nadie jamás logrará develar y que se llevan a la tumba. Ese secreto es su nombre… todos los hombres dogon tienen un secreto, que es su verdadero nombre, que ellos mismos se ponen y que nadie más conoce. Y después usan otros “falsos” para la comunicación pública y la conversación. Por guardar tan celosamente este secreto, denuncian, sin quererlo, que al mundo siempre le falta algo, le falta por lo menos una serie de “nombres” que tan sólo los otros pueden imaginar o construir”.


En ese juego estamos: cuando construimos o refundamos un relato, un cuento, y participamos de este juego: el de sentir que al mundo –al menos a este mundo- le faltan cosas y nosotros podemos soñar nuevos nombres para el misterio.

Es fácil encontrar en el libro de Wally, esos relatos cálidos, el romanticismo de “Juan, el chato”, que cortó campo una mañana; O Catalina o Anita la lisa y las tetas de dios, reventando (y perpetua, nuestra “cierta curiosidad por las tetas”), o algo tan familiar como un bebedor empedernido (“gente asidua a la bebida por diferentes motivos o causas”) o el borracho trajeado. El cantante enamorado de los “Utópicos Primavera”: esa… banda.

Pero, quisiera, si ustedes me lo permiten, abordar esta presentación desde otro lugar. Entrar por otra puerta, para detenernos, frente a un muchacho -venadense esta vez- que escribe, y que –además- edita un libro. Que ejecuta un profundo acto de poder.

Y detenernos ahí, en este ahí de esta manera de ser: manera de ser en la podemos –si tenemos un poquito de ganas- rastrear algunas huellas. Y traerlas. Y donde podemos encontrar una continuidad. Y si miramos alrededor, podemos decir, hasta geográfica.

Hay, si nos interesa, un gesto poderoso: El gesto de, poner, tender delante, reunir.

Y en ese recorrido, los nombres propios, por ahí, se desfiguran, afortunadamente.

Hay, como voces, que lo explican mejor. Son voces que –si cerramos los ojos un instante- empezarían a aturdirnos desde los pasillos.

Y a esa pequeña fogata, quisiera re vincular.

Primero, por la maravilla que cualquier hecho poético supone, en medio de tanto disparate. En medio de esta vida sin calidad que constituye lo esencial de la trama social. Este desencantamiento con la vida cotidiana. Un mundo que no permite que las cosas resplandezcan en su plenitud, comenzando por nosotros mismos. Donde hemos confirmado que nada lleva a ninguna parte. Y “sin cielo, porque ya no hay ningún lugar donde apoyar la cabeza”.

Las abejas hacen algo perfecto que es el panal. El problema es que no pueden dejar de hacerlo. Los seres humanos podemos dejar de hacer lo que presuntamente estamos destinados a hacer.

En un libro, hay un decir. Y Lo dicho, muchas veces, está sostenido por eso no dicho, como si fuera su sombra. Y la sombra que merodea por acá, son los días y las noches, donde un hábitat de peregrinos bibliotecarios rondaban y roncaban.

Hubo una reunión de resistencia. Una zaga que permanece en el brutal acto de narrar o de editar un libro.

Fui testigo. Sentíamos –sigo sintiendo- que a la existencia que nos ha sido dada, había –hay- que dotarla de vida. Por entonces la llamábamos “la vida de la vida”.

“Nuestro inconfesado orgullo era carecer de una profesión… no leíamos ni estudiábamos para tener un título, ni para tener antecedentes, ni publicábamos para ganar plata. Lo que estaba puesto en juego eran necesidades vitales vertiginosas”.

Una desobediencia, no civil. Podríamos llamarla una desobediencia familiar. Una renuncia al sometimiento que imponen los ritmos sociales.

Una ínfima utopía, pero Sin idea de victoria como último momento. Sin paraíso allá. Verdes, en el sentido de Gombrowicz: inmaduros, infantiles. “Cainistas”, que llevan la marca de Caín. Gente que uno reconoce por la mirada, que no ensambla fácil en el “engranaje”, que tiene alguna observación que hacer sobre “eso” que las pantallas cotidianas se muestran como “lo real”.

Algo no tan enorme como una revolución, pero tampoco tan chiquito como “una manifestación por Fibertel”.

Una tentativa de tipos débiles, Vulnerables. Que no querían ni defenderse, ni derrocar, ni combatir, simplemente “no”: Un “no” de afirmación. No darle todo o tanto a la máquina. Un infinito no-esto

“De todo quedó un poco.
De mi miedo. De tu asco.
De los gritos reiterados. De la rosa
quedó un poco. Quedó un poco de luz
captada en el sombrero.
En los ojos del rufián
de ternura quedó un poco
(muy poco).”

Esa sombra permanece. No guardada en ninguna parte. Perdida, diseminada por ahí. Hoy reencontrada. Así, sin ninguna nostalgia. Sin ninguna moraleja, sin ninguna conclusión. Y (que me perdone el señor Facultad libre) sin propietarios, porque fue –antes que nada- una expresión colectiva.

“Pasamos media vida mirando hacia allá, imaginando. Tanto que nos parece que ya nos hemos ido.

Y un día, al alzar los ojos, estamos aún en el mismo sitio. Acostumbradamente se cruzan nuestros trenes y cada instante es una despedida.

... Y nosotros… respiramos bien fuerte y nos sacudimos el polvo cantando. Cantando al azar. Porque nada está colmado, porque aún no hemos llegado a ningún sitio.

(Tampoco llegaremos luego, ni nunca; pero nos parecerá que sí). Y podemos hacer mucho ruido para que todos sepan que estamos aquí todavía.

No se trata de intentar hacer eterno el tiempo. De intentar guardarse unas horas que sólo son para que hayamos sabido irlas viviendo y soltando mientras pasaban intensas y redondas. Que no valen por ellas mismas sino por lo que nos han enseñado al beberlas.

Pero sí es tiempo de mirar alrededor haciendo un recuento como después de una hermosa cosecha, y sentir alegre el corazón porque es todo nuestro aunque lo dejemos aquí, aunque vengan los demás a quitarnos el sitio, ese pequeño sitio.

Si sabemos marcharnos diciendo: "Hasta mañana", nos quedaremos para siempre y nos lo llevaremos todo en nosotros”.

sábado, 28 de agosto de 2010

Palabras de Mónica Muñoz en la presentación de El Vecino, de Elsa Pfleiderer

Buenas noches.

Comenzaré mis palabras de hoy con el fragmento inicial de una de las mejores páginas escritas en la historia de América, me refiero a NUESTRA AMERICA, el potente artículo que José MARTÍ escribiera en enero de 1891.



Dice asi…

Cree el aldeano vanidoso que el mundo entero es su aldea, y con tal que él quede de alcalde, o le mortifique al rival que le quitó la novia, o le crezcan en la alcancía los ahorros, ya da por bueno el orden universal, sin saber de los gigantes que llevan siete leguas en las botas y le pueden poner la bota encima,

ni de la pelea de los cometas en el Cielo, que van por el aire dormidos engullendo mundos.

Trincheras de ideas valen más que trincheras

de piedra.

Este texto de Martí aparece publicado en México el 30 DE ENERO DE 1891



Venado tuerto fue fundada en 1884, aunque muchas veces me inclino a pensar cómo Borges en” Fundación Mítica de Buenos Aires”-

“ A mi se me hace cuento que empezó Buenos Aires: la juzgo tan eterna como el agua y el aire”

Los escritores somos –a veces- como los ladrones dibujados en ciertos cómics, tengo esta imagen: cara con antifaz, ojos remarcados, miradas expresivas – se ubican?

Bien, remonto la idea: los escritores somos a veces como los ladrones dibujados en los comics, que entran por altas ventanas, con increíbles peripecias y revuelven en todos los cajones y los roperos para encontrar la joya valiosa –que casi siempre se representa como un jugoso collar de perlas- y cuando la encuentran nos la muestran con cara de triunfo----



Los escritores revolvemos en la biblioteca universal, en la realidad, en la historia, vaciamos el closet siempre buscando nuestro collar de perlas. Somos ladrones ficcionales. Cuando escribimos desenlazamos el límite entre ficción y realidad y revolvemos, buscamos, prestamos oídos a nuestro escritor maldito interno, atravesamos el tiempo como si no tuviéramos más materia que la idea que perseguimos, vamos a oscuras con una linterna pequeñita pero más iluminadora que una lámpara de 200 watts. Y así vamos construyendo un relato literario.

O el relato nos precede y solo somos el cuerpo puesto para hacer la letra posible?....



Vayamos a la obra que nos convoca esta noche: El Vecino.Una memoria interdicta. Elsa trabajando afanosamente durante dos años y medio –los contados, se me ocurre que ya escribía desde antes de sentarse frente a su computadora- - para encontrar su collar de perlas. Y lo encontró, y nos lo muestra , lo pone en escena feliz, ha triunfado. Comparto con alegría su felicidad. Y podríamos dejar acá…pero, hay más…muchos más para decir de EL VECINO, como obra literaria.



Una de las líneas que vertebra este relato es LA HISTORIA, la que ha decir de Pigna : sigue en pie como fuente de sabiduría de la que siempre se puede aprender. La historia de Venado Tuerto, en nuestro caso. La escrita formalmente, la que anda por los corredores de boca en boca, la que encontramos en la tierra que no habla, pero si habla para aquellos interesados en oir.

Toda Historia está construída de arbitrariedades y omisiones.

” A decir de Nicolás Rosa: lo que se dice y lo que se escribe (pero también lo que se escucha) sólo puede definirse en función de lo que no puede decirse o escribirse en una sociedad determinada. Los tabúes y censuras discursivas marcan el lugar de los discursos pero también su exclusión…el discurso narrativo elabora retóricas para intentar salvar estos escollos”. Y así arribamos a la idea del enunciado de Elsa: memoria interdicta, susceptible de ser leída también como historia interdicta, entredicha, susurrada, que circula por los corredores, o en las sobremesas de domingo de antiguas familias,. Arribamos a esta idea, decía, no ya para explicar las ausencias en el texto de Hunn, sino para empezar a ubicar que el relato de Elsa, por ejemplo, como tantos otros, son las piezas ocultas que encontraron su modo de aparecer desplegadas, evitando de una vez y para siempre la tierra de las sombras.

Y pensar también, que nuestra historia argentina está hecha de arbitrariedades y omisiones, dolores callados, sangrantes que aún esperan en las sombras que alguien se atreva a contarlos. Lo que aumenta el valor de la obra de Elsa es que –con su laborioso rescate, laboriosidad quizás heredado del tesón de su abuelo Whilehm- logra poner en escena ante todos un fragmento desconocido de nuestra historia ciudadana.

Para ello, nuestra autora, debió recurrir por fuerza a la ficción. Historia y literatura. La literatura como motivación, como impulsión, todo deviene literatura, nos dice acertadamente Nicolas Rosa. En nuestro caso, la historia de Whilehm Pfleiderer y su familia, y todos los sucesos que posibilitaron el nacimiento de nuestra ciudad, devinieron literatura.

Y atravesando ambas ,Historia y literatura, lo literario, pero lo literario pensado en términos de insistencia, de discurso que siempre dice más que otros discursos.

Historia y ficción. Retomo estos conceptos que parecen contradictorios, no? Necesitados de ser autorizados para ser creíbles. En nuestro caso podemos ubicarnos para iluminar la cuestión en las experiencias de Jorge Semprún que cuenta en su libro LA ESCRITURA O LA VIDA. El autor español estuvo detenido en el campo de concentración alemán en Buchenwald hasta el final de la guerra. Cuando la guerra termina, en momentos en que llegó la desmovilización –y aún dentro del campo esperando para ser repatriado charla con otros acerca de: cómo transmitir la cruel experiencia vivida y ser escuchados, comprendidos.

-Hay que contar bien para ser escuchado. No lo conseguiremos sin algo de artificio, conjetura Semprún, el artefacto suficiente para que se vuelva arte! Como contar una historia poco creíble, como suscitar la imaginación de lo inimaginable si no es elaborando, trabajando la realidad, poniéndola en perspectiva? Pues, con un poco de artificio! El artificio de la obra de arte.

Y EN ESA CLAVE LLEGAMOS A El Vecino. Lo ficcional, lo artificial es necesario para contar la verdad esencial, transmitir la historia de la familia de Whilelm Pfleiderer, aquel inmigrante alemán, vecino de Hunn, que participó con toda su familia en la construcción de nuestra ciudad. Todo deviene literatura.

Para ir cerrando, felicito a Elsa Pfleiderer por la escritura de El Vecino y los invito a leerla, disfrutarla, hacerla circular.

Me iré como vine, con palabras de JOSE MARTÍ :

NO HAY PROA QUE TAJE UNA NUBE DE IDEAS.

por Móncia Muñoz.

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