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miércoles, 26 de enero de 2011

BOSQUEJO DE NOVELA

Después de unos días de vacaciones volvemos con un original relato de Narciso del Huerto, cuya sorprendente estructura reproduce un proyecto de novela enviado a un agente literario.

BOSQUEJO DE NOVELA ENVIADO A UN AGENTE LITERARIO.


Por Narciso del Huerto, escritor argentino nacido en General Pico en 1942.

Un hombre (un antropólogo o un sociólogo o un científico, alguien que por su naturaleza sea un tipo inquieto, curioso, inclinado a la investigación. Provisionalmente lo llamaré “PP”) recibe, legado de un pariente lejano, una biblioteca con un importante número de libros. Entre los libros encuentra un manuscrito encuadernado en tapas de cuero con las letras CA grabadas a fuego en el frente. El manuscrito está escrito parte con caracteres comunes y parte con otros irreconocibles, de modo que una palabra comienza con los caracteres comunes de la letra cursiva y termina en otros más sencillos, que consisten en rayas, puntos, círculos y otros símbolos simples. Curiosamente, en las últimas páginas del cuaderno, encuentra una hoja de ceibo que parece estar recién arrancada de la planta. Al cabo comprende que está escrito con el sistema de taquigrafía, lo que atiza aún más su curiosidad y decide pasarlo en limpio. Pronto advierte que el manuscrito es un diario de viajes de Carlos Ameghino, el hermano de Florentino que tanto lo ayudara proporcionándole al sabio material de investigación recogido durante sus exploraciones. El diario comienza en Malargüe, Mendoza, la víspera de una visita a unas cuevas en las que unos indios locales llevaban a cabo sus ceremonias y ritos.

Poco después PP conoce a una mujer joven (M), no más de treinta años, muy hermosa, de largo pelo lacio negro como la noche, piel cobriza y ojos almendrados. Coinciden en un congreso de su especialidad, que se lleva a cabo en Bahía Blanca, y paran en el mismo hotel. PP empieza a cortejarla y, la última noche del congreso, terminan en la cama. Ambos apasionados por los descubrimientos, esa noche él le cuenta que está pasando en limpio el diario de CA. Desnudos en la cama, él le deja leer a ella la parte que ya tiene pasada en su computadora.

(El lector va descubriendo lo que cuenta el diario de Carlos Ameghino, en la medida en que PP va adelantando en su trabajo.)

Según el diario de CA, mientras éste investiga unas pinturas rupestres, se produce un derrumbe y queda atrapado en el interior de la montaña. Golpeado, asustado, sofocado, al borde mismo de la desesperación, CA vaga por el interior de la montaña hasta quedar sin fuerzas. Perdida ya toda esperanza y creyendo su final inminente, CA encuentra una salida milagrosa. Consigue volver a cielo abierto y se desmaya. Al despertar, se encuentra en una pequeña población indígena. No conoce la lengua en la que hablan los lugareños y ellos no parecen entender la de CA. Lo llevan ante alguien que parece ser el cacique, lo tratan bien, pero con distancia, y esa noche duerme en la misma casa en que lo recibió el jefe de la tribu. Su habitación no está cerrada ni hay guardias ni nada le impide salir, pero CA se siente continuamente observado. Nadie ha tocado sus pertenencias, por lo que dispone de papel y lápiz para registrar todo lo que ocurre. Pero nada evita que se sienta secretamente vigilado.

Cuando termina de leer M tiene los ojos llenos de lágrimas. PP lo nota y le pregunta por qué llora. Ella le responde con una evasiva, le dice que se emociona cuando está ante descubrimientos como el que PP tiene entre sus manos.

De regreso a casa, PP continúa con su ardua y lenta labor de traducir el manuscrito. A medida que avanza en su trabajo y el lector se va enterando de las aventuras de CA, a quien llevan a la presencia de un grupo de hombres que lo observa y lo somete a extraños estudios. Estos estudios no le causan daño físico, pero sí le provocan cierta angustia y ansiedad de saberse sometido a exámenes cuyos resultados están más allá de su voluntad. Le permiten andar libremente por la ciudad a la que ha sido trasladado. Es una metrópolis en la que viven una gran cantidad de personas, pero en nada se parece a ciudades como Buenos Aires o París. CA describe la orbe y algunas de las costumbres de sus habitantes, nos habla de sus templos y de sus dioses, refiere su vestimenta y la forma de su comercio. Paulatinamente el lector va advirtiendo que se trata de la capital de un imperio indígena, que cronológicamente se equipara a una ciudad de fines del S. XX y comienzos del XIX. CA se enamora de una mujer a la que le enseña hablar en nuestra lengua. Gracias a ella comprende que el lugar en el que se encuentra es una América a la que Colón no ha llegado. Se produce un hecho aciago y CA tiene que huir. Una especie de hombre sabio, brujo, médico o chamán, lo ayuda a encontrar un paso de regreso a nuestro mundo.

PP recuerda la noche pasada con M en Bahía Blanca y piensa en lo fácil que hubiera sido enamorarse de ella, el cuántos encuentros íntimos hubieran podido tener, en la familia que podrían haber formado, en la casa que hubieran construído, en el colegio que hubieran elegido para sus hijos. Comprende que no tiene un teléfono, una dirección o una casilla de correo electrónico. No tiene manera de dar con ella. Se pregunta por qué no le pidió algún dato que le permitiera dar con ella. Y siente una extraña sensación que se vincula con lo que pudo haber sido y no fue. Como si hubiera un instante en el tiempo en el que todas las posibilidades se hicieran presentes y lo contingente fuera tan posible como lo real, como lo que efectivamente sucede. Desesperado de amor, pone un aviso en el diario. Pocos días después un hombre llama a la puerta de su despacho en la universidad, se presenta como curador de un museo de Mercedes (CMM) y dice estar interesado en adquirir para la institución el manuscrito de CA. Ofrece una considerable suma y PP responde que lo pensará. Esa noche, en la soledad de su hogar, hay algo que inquieta a PP, pronto lo descubre: M es la única que sabía del manuscrito, si CMM vino a comprarlo es porque estuvo con ella.

PP se cruza una y otra vez con CMM, hasta el punto de comenzar a sentir que éste lo está vigilando. Por más que el curador insiste en que no conoce a la mujer y vuelve una y otra vez sobre el tema del manuscrito, PP no se decide ni a creerle ni a venderle el diario de CA.

Un día de lluvia PP recibe un mensaje de M en su celular, que lo cita en un café. Se encuentran en el bar y conversan banalidades. En un momento de la conversación, PP le pregunta si ella le ha contado a alguien de la existencia del manuscrito de CA. M responde que no, lo que aumenta las sopechas de PP en relación a CMM, y le pregunta si ya ha terminado de pasarlo y si es posible ver el manuscrito. PP no ha terminado aún, pero no ve inconveniente en mostrarle el manuscrito a M. Van a la casa de PP y, cuando están por entrar, se les aparece CMM, como surgido de la nada. Resignado, PP les muestra a ambos el manuscrito. Ella, al tocar sus amarillentas hojas de más de cien años vuelve a llorar, sus lágrimas caen sobre las resecas hojas y corren la tinta. CMM toma la hoja de ceibo que se cae de las últimas páginas y que sigue estando como recién arrancada de la planta, saca una pequeña bolsa que lleva colgando de su cuello y la guarda. Hay algunos relámpagos y truenos y la lluvia es cada vez más fuerte. Inesperadamente la mujer, sin dejar de llorar, toma el manuscrito abre la ventana y tira las hojas al patio. Rápidamente el viento se ensaña con el papel amarillento y la lluvia se lleva la tinta y las palabras. En instantes nada queda del manuscrito de CA, como no sea unas tapas de cuero mojadas.

PP, atónito, pregunta por qué han hecho eso. CMM, que ya no lleva traje y corbata sino un raro atuendo de colores, le explica que él es en realidad el chamán que le ayudó a volver a nuestro mundo a CA. Le dice también que en el universo existe lo real y lo contingente, y que las cosas que no llegan a producirse o actualizarse en este mundo, se producen en el orden de lo contingente. CA encontró, por casualidad, un pasaje del mundo actual al mundo contingente. En este mundo contingente, Colón no ha llegado a América y la civilización Inca ha seguido su evolución.

Si PP hubiera terminado de traducir el manuscrito, hubiera advertido que CA se escapa y cruza de regreso con una mujer, que no es otra que la mujer de la que PP está enamorado. CA envejeció y murió porque él pertenecía a este mundo, pero ella no, para ella el tiempo no pasa porque ella no pertenece al mundo de la actualidad. Por eso también, la hoja de ceibo que por casualidad trajo consigo CA está como recién cortada. El brujo la está buscando desde aquella madrugada en que le ayudó a regresar a CA, porque ella debía regresar esa misma noche y, enamorada, no lo hizo. Ahora que ha logrado atraparla, que ha recuperado la hoja de ceibo y que ha destruido el manuscrito, puede regresar a su mundo y cerrar para siempre el paso, porque ya no queda vestigio del mundo contingente en el orden actual. PP creyendo que tiene un as en la manga y que podrá demostrar al mundo su descubrimiento, le dice que aún queda su traducción. Sin inmutarse, el brujo le responde que, sin ningún documento que lo apoye, su relato no será más que un cuento fantástico. Le dice algo a la mujer, ésta agacha la cabeza y se van. PP no se atreve a seguirlos.

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